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False Love [One-shoot]

lunes, 11 de abril de 2016


 S H E R L O C K    G Ó M E Z

Todo se puede perdonar menos una traición de la persona que mas confías.
Anónimo

The Promise [One-Shoot]

lunes, 4 de mayo de 2015



S h e r l o c k   G ó m e z

“El día de la despedida de esta playa de mi vida te hice una promesa: volverte a ver así.”

La oreja de Vangogh


"Ambos se dañan a si mismos: el que promete demasiado y el que espera demasiado."
LESSING, Gotthold Ephraim

"Los hombres son todos parecidos en sus promesas. Sólo en sus acciones es donde difieren."
“Molière”


Unexpected Love [One-shoot] {Parte II}

martes, 21 de abril de 2015




S H E R L O C K    G Ó M E Z


Love During Wartime [One-Shoot]

lunes, 9 de marzo de 2015



Autor: Sherlock Gómez

“La guerra es el arte de destruir a los hombres, el amor es el arte de engañarlos.”

Fecha: 20 de Enero de1939
Lugar: Asturias, España

Traté de sintonizar la única estación que se podía escuchar en estos momentos, el sonido de interferencia era lo que envolvía el ambiente. Comencé a oír la voz del locutor y me quedé parada justo frente al aparato mientras emitía un bostezo profundo.

«Queridos radioescuchas, les informamos las últimas novedades con respecto a la guerra que está atravesando nuestro país. Estén muy atentos a todo lo que ocurra, no salgan de sus hogares si no es necesario y mucha precaución con las alarmas y los toques de queda. Les repito, abstenerse a salir o viajar hacia la capital…»

Tragué saliva ¿Por qué estaba ocurriendo esto? ¿Qué necesidad había de pelear por tierras y matar a inocentes por actos tan cobardes como es la guerra? Suficiente fue la primera guerra mundial, no necesitábamos una interna.

Apagué el radio y observé el reloj de pared que Aitor me había regalado en nuestro primer año de noviazgo. Un pequeño reloj de pared que consiguió en un bazar en Madrid. Dos y medía de la mañana. Seguía despierta con la emoción a flor de piel a pesar de la cruda realidad que estábamos pasando. No obstante, mi felicidad no disminuía. Hace mucho que no lo veía, dos largos años de que se fuera a la guerra para salvar a una nación. Después de ese tiempo lo tendría frente a mí, lo abrazaría y besaría diciendo lo mucho que me ha hecho falta. Por fin se hacía realidad.

Coloqué mi guante blanco en mi mano derecha y alisé mi vestido para estar presentable para ese momento especial.
Llené mi maleta de libros entre algunos cambios de ropa, no me iba a quedar por mucho tiempo pero correría el riesgo, no me importaba lo que ocurriera si la última imagen fuese de él.

Caminé hacia el estante donde se encontraba una foto de nosotros, aquella sonrisa que lo caracterizaba estaba reflejada en la foto en blanco y negro. Delineé con las yemas de mis dedos sus labios siguiendo la forma de su sonrisa. Sin darme cuenta estaba esbozando una en ese momento. Solté una lágrima, una pequeña gota se desprendía de mi ojo izquierdo resbalándose por mi mejilla y cayendo sobre la imagen. ¿Estará pensando en mi?
Guardé el retrato junto a otras fotos suyas en la maleta.

Descolgué el único abrigo que tenía de él. Inhalé su peculiar aroma y lo estreché entre mis brazos. Lo extrañaba, lo necesitaba tanto…

Alejé la maleta del sofá y me acurruqué con todo y abrigo, no lo soltaba, no lo iba a dejar ir.

— Quiero estar a tu lado…—dije en un susurro. —quiero mirarte, sentir tus brazos protegiéndome. — decía apretando más el abrigo.

Cerré los ojos y caí rendida en un sueño que llevaba días postergando.

Observé detenidamente la estación de trenes con una gran emoción. Sin importar la hora estaba ya repleta de personas igual de entusiasmadas que yo. Todos corrían hacia los vagones subiendo eufóricos a los trenes, tenían el mismo propósito: encontrarse con sus familiares.

— ¡ALTO AL FUEGO! ¡ALTO AL FUEGO! La guerra ha terminado, la guerra ha terminado. — gritaba un señor con gabardina y una gran barba que llevaba meses sin rasurar.

La guerra había terminado, por fin se había logrado una paz en España, por fin estaría junto con Aitor, por fin lo volvería a ver.

Subí al tren en la tercera campanada que dio el chofer, estaba a punto de irse. Agarré mi sombrero por miedo a que el viento se lo llevara. El taquillero estiró su mano y me ayudó a entrar al vagón.

— Su boleto señorita. —dijo.

Le entregué el boleto y lo perforó dejando un pequeño circulo justo en la ‘d’ de “Madrid”

— Llegue a salvo a su destino. —Me dijo bajando un poco su gorro.

Caminé entre los pasillos y coloqué la maleta en la parte de arriba. El tren comenzó a moverse y trastabillé. Fue gracias a una viejecilla que sostuvo mi cuerpo y no caí.

— Cuidado jovencita, el tren en movimiento es peligroso. —dijo y tomó asiento. — Ha cesado la guerra…—murmuró mientras contaba semillas de girasol. — la guerra ha terminado.

Asentí ante su afirmación. Días antes el ambiente hubiese estado tenso, ahora sólo se respiraba tranquilidad y paz.

         — Creí que no terminaría. La vida nos ha premiado deteniendo este desastre.
— Soy una vieja que ha visto pasar muchas cosas frente a sus ojos. Al escuchar la noticia, sonreí con júbilo. Mi hijo es militar, ayer recibí una carta suya, estará en Valencia esperándome.
— Mi novio estuvo también ahí. Ayer recibí un telegrama pidiendo que nos encontráramos en Madrid. deseo verlo con bien. —dije con una ilusión en mis ojos.
— Dichosa que eres jovencita. El amor de los jóvenes es lo más puro que hay entre tanta bruma negra por la guerra. —suspiró. — Mi esposo murió en batalla dos días antes de finalizar la primera guerra mundial.  Espero y su amor se atesore por años.

Sonreí y coloqué mis manos una sobre la otra. El frío del invierno calaba los huesos y empañaba los vidrios del tren.

— ¿Sabes que estos trenes no duermes? —preguntó la viejecilla mirando por el horizonte. — Todos los sueños e ilusiones de personas que esperan el regreso de sus familiares de aquellas batallas se quedan atrapados en estos vagones y viajan kilómetros esperando que en algún momento se hagan realidad.
— Mi sueños e ilusiones se quedarán atrapados aquí.
— Vagón 223, no lo olvides. —Cerró sus ojos.

Con mi mano en puño despejé el cristal para observar mejor el camino. Mi mente jugaba con mis emociones pero claramente vi el rostro de Aitor en el cristal. Sonreí inconscientemente y me recargué esperando que mis sueños comenzaran a esparcirse en el vagón.

— Tu rostro es un pequeño poema para mi largo trayecto. —murmuré sin desvanecer la sonrisa de mi rostro.

Sólo dos horas era el camino y entre tanta espera me entretenía escuchando las noticias que divulgaban las personas en el tren, los llantos de niños por desear comer o el grito del tren esperando la llegada a la estación.

— Lo sé, es demasiado lamentable lo que sucede. —habló una mujer que se encontraba un asiento atrás del mío. — escuché que fueron más de quinientas muertes. Antes de que terminara la guerra, escuché que habían aventado una bomba en una carpa médica. Que inhumanos…

Me levanté de inmediato ¿Bomba? ¿carpa médica?

— Aitor… —musité.

El tren se detuvo, habíamos llegado. Por fin estábamos en Madrid. A pesar de todo lo sucedido,  el ambiente aquí seguía rígido. Las personas corrían y sólo se veían un par de pies andando.

Me escabullí entre la multitud bajando del tren y buscándolo. Cinco de la mañana, veinte de Enero y debería de estar aquí.

Caminé un poco más hacia la salida, sostuve de la parte de arriba de mi sombrero con la mano izquierda mientras que, con la mano derecha sostenía mi maleta llena de recuerdos. El viento hondeaba y la orilla de mi vestido deseaba volar también hacia el este.

Lo vi, me buscaba con la mirada pero ni un rostro le era familiar.

— ¡Aitor! —grité su nombre con todo el aire que pude soltar.

Sus ojos avellanados me encontraron y su sonrisa que hace dos años no veía aparecía en el momento exacto.

Corrí hacia él y brinqué a sus brazos, sentí como mi vestido y mis emociones volaban junto al viento que soplaba. Me sostuvo con sus fuertes brazos de mi cintura y fue bajándome poco a poco hasta que sentí nuevamente sus labios chocar contra los míos.

— Dios, Lucia, te he extrañado. —murmuró sobre mis labios.
— Yo más, yo mucho más Aitor… han sido dos años tan largos, siempre me preguntaba que sería sin ti el resto de mi vida. Te quiero, te quiero Aitor.
— Yo te adoro con toda mi alma.

Me alejé de él unos centímetros y lo vi usando su traje de militar. Una herida sobre su mejilla izquierda y una pequeña bandita sobre su ceja derecha.

— ¿Has peleado mucho? —pregunté y mis intestinos se achicaron pensando lo peor.
— Por ti, pensando siempre en ti.
— Te perdí por un largo tiempo Aitor, pero prometo que no sucederá de nuevo, no te perderé otra vez. No te dejaré, nunca más. —me aferré a su cuerpo soltando unas lágrimas sobre su uniforme.
— Te busqué por todas partes, mi pequeña. Esperaba este momento con ansias.

Besé nuevamente sus labios, mis sueños atrapados en aquel vagón se habían hecho realidad, estaba con él, la guerra había finalizado y estaríamos juntos por el resto de nuestras vidas.

— Señora… ¿Señora?
— Uhmm… ¿sí? —pregunté adormilada. — ¿Ocurre algo? —bostecé.
— Hemos llegado a Madrid. Se ha quedado dormida en todo el viaje.
— Cierto. — susurré. Observé el tren, vagón 233. —Volvió a ser un sueño… —musité. Levanté la mirada y la fije en aquel hombre.— Vaya, me han engañado…
— ¿Disculpe? —preguntó el joven mozo que había terminado con mis sueños y recuerdos.
— Me habían dicho que este tren no dormía y que capturaba los sueños para hacerlos realidad. —me levanté. Mis huesos estaban ya desgastados y fatigados. — me han mentido.



Fecha: 20 de Enero de 1966
Lugar: Madrid, España
Hora: cinco de la madrugada



         Salí del tren buscándolo con la mirada, pero hace veintisiete años que ya no estaba ahí. Caminé con paso lento hacia la salida, el largo viaje adormiló mis huesos y en cada caminar crujían quejándose por lo vieja que estaba.

         Recorrí el panteón de Madrid buscando su tumba. Hace veintisiete años que había muerto. A tres días de culminar la guerra lo mandaron al frente de batalla. Un militar estaba herido y fue a ayudarlo, lo emboscaron y sólo fue necesario un disparo para acabar con todo. Junto con él se esfumaron aquellos sueños que nunca se hicieron realidad.
        
         Sostuve el ramo de rosas y lo coloqué sobre su ataúd.

         «Descansa en paz honorable hombre que dejó su último suspiro en el campo de batalla. Dávila Aitor 1914 – 1939»

         — Aún me pregunto como sigo de pie. Los primeros años creí que moriría de tristeza. Cuando me llegó la carta mi mundo se desvaneció. Prometí que estaríamos juntos, siempre juntos. —bajé la mirada— no lo cumplí. Te perdí Aitor, te he perdido de nuevo. —alejé una lágrima. — Pero ya no, no volveré a perderte ni a dejarte, nunca más. Cada año te buscaba esperando encontrarte con esa sonrisa a las cinco de la madrugada cuando saliera del tren… —oprimí mis labios. — te he encontrado amor, lo he hecho.

Limpié su tumba y arreglé las flores dejando una mejor vista. Agarré mi maleta, era momento de irme. Observé por última vez la tumba con las flores rojas que había traído.

— Aitor… ¿Has pensado en mi? — Pregunté antes de alejarme dejando mis recuerdos postrados sobre su tumba.


.::Nota: Prohibido la copia parcial o total de la historia::.

Hello Stranger [One-shoot]

lunes, 2 de marzo de 2015



UN HILO ROJO INVISIBLE CONECTA A AQUELLOS QUE ESTÁN DESTINADOS A ENCONTRARSE, SIN IMPORTAR TIEMPO, LUGAR O CIRCUNSTANCIAS. EL HILO ROJO SE PUEDE ESTIRAR, CONTRAER O ENREDAR, PERO NUNCA ROMPERSE.

- Leyenda china
  


‘Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas y  un segundo gran amor, una persona que perderás siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y les impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejará de intentarlo Se rendirán y buscarán a esa otra persona que acabarán encontrando…
- Paulo Coelho’


Guardé el libro que la profesora había pedido para el reporte de lectura. ¿A quien se le ocurría como trabajo leer a Paulo Coelho? Levanté todo y bajé a entregar la llave del cubículo que ocupé. En unos minutos comenzaba mi clase y nuevamente escuchar hablar a una profesora que no tiene ni idea de por qué el universo conspira contra ella y la tiene dando clases.